El otro día 10
Blurrrr, blurrr, blurrr, blurrr, blurrr, blurrr… 06:00 horas del día 10 de agosto.
Suenan varios despertadores en mi casa. Ya es la hora.
Algunos oscenses, casi siempre los mismos, llevan ya un par de horas en primera fila de la plaza del Santo aguardando nuestra aparición. Están pasando incomodidades, frío, algunos han tenido que aguantar a alguno que tiene mal beber y sobre todo al típico que los considera tontos por llevar tanto tiempo esperando cuando él llega a las ocho y se pone en primera fila, siendo abucheado e increpado por los presentes e incluso algunos años montándose alguna que otra tangana y reparto de tortas.
Tras el aseo y tomarme un café comienzo junto a mi madre el ritual de vestirme de Danzante y el de discutir con ella. Que si esto más alto, que si eso hace arrugas, que haber si tenemos un poquito de cuidado que me has pinchado con el imperdible, porque eso si otra cosa no tendrá un traje de Danzante pero imperdibles sujetando todas las piezas para que se muevan lo menos posible… un año comencé a contar los que me iba poniendo mi madre, pero me despiste cuando iba por 50. En fin, ya se pueden imaginar que cada mujer que viste a un Danzante quiere que este sea el que mejor vaya.
Vamos mamá, que son la ocho menos cuarto y no voy a llegar. Nervios. Últimos retoques. Listo.
Paso a recoger a un compañero que vive en mi misma calle y nos dirigimos a la Botería de Pedro Lafuente (lugar de reunión de los Danzantes antes de iniciar los bailes).
En los escasos diez minutos que nos separan de la misma puedes encontrarte casi de todo, una señora que te da ánimos, un niño que se quiere hacer una foto con nosotros,…
Por muy templado que seas, conforme te aproximas a la plaza van apareciendo los nervios y se te va haciendo un pequeño nudo en el estómago.
Cuando te vas aproximando a la plaza y se va viendo más movimiento de gente, esperas el momento de ver la plaza por completo para apreciar como esta de gente. ¡Impresionante!
Al ver aparecer el gentío, mucho del cual estaba adormilado por las horas de espera se enardece y pueden llegar incluso a corear tu nombre. Mientras intentamos alcanzar la botería procurando no pisar a nadie, ni darle con los palos o las espadas en la cabeza y, por supuesto, sin caernos, lo cual a veces resulta verdaderamente difícil.
Alcanzada la botería hay unos diez o quince minutos de espera, de charla con los compañeros esperando la orden del Mayoral para salir a la plaza. Una vez en ella muchos más nervios. El reloj de la Basílica da las 08:30 horas. ¡Bom, Bom! a la orden del maestro Samperíz. Relajación y satisfacción por la sincronización increíble y la complicidad entre los oscenses, la Banda de Música de Huesca y los Danzantes, que todos a una transformamos nuestros ancestrales bailes en oración en honor de nuestro Santo Patrón.
¡¡¡Viva San Lorenzo, Huesca y sus Danzantes!!!
En la categoría El Danzante
Agosto 10th, 2009 at 16:36
y como cada año, todo sale a pedir de boca, y la emocion de oir la música, el choque de los palos, y el baile. viendo como la vida pasa, aparecen nuevos danzantes y se van los que han homenajeado al Santo, con el cariño de todos los oscenses, como si le pasara a uno de casa, porque de casa son los danzantes, de cada casa de Huesca. Luego cuando sale el Santo, aplausos. Y que decir de cuando llega a la plaza de la catedral con los danzantes bailando a la gota gorda. O cuando entre calles estrechas, empedradas y empinadas resuenan los ecos de la música y los vivas a San Lorenzo. Los oscenses nos agolpamos par ver pasar al Santo y a los Danzantes.
El día 10 es todo emoción.